¡¡¡Soy bióloga!!!...EN EL CENTRALÍSIMO

¡¡Ayyyy!! Horror y pavor. ¡¡Ya esta aquí!! Ha vueltoooo. Noooo. Y...¿ a quién me estoy refiriendo? Pues a la niñera-stripper que demostró que magrearse con una barra todas las noches para "deleite" (esto último es relativo) de ciertos especímenes no impide poder desemepeñar al mismo tiempo la labor de supermegaultra encantadora niñera de siete mosntruitos (y no tan mosntruitos). Sin embargo y pese a ayudar a los repelentes niños a hacer sus deberes, no pudo reprimir esa cierta tendencia a ser stripper de moral relajada (sí, sí, ser un poco puta) y acostarse con Fernando y Fernando´s brother (y no fue un menage à trois) concibiendo a consecuencia de este acto pasional de intercambio de fluidos a un retoño cuyos genes paternos eran una duda existencial para la pobre Anita (y los siete). ¿Quién era el padre?...sorpresa. No llegué a averiguar la procedencia paterna del retoño (lástima), ya que conseguí desengancharme a tiempo de las aventurillas de esta stripper (a lo Demi Moore) convertida en niñera.

Y ahora permitidme recordad parte de la cabecera de esta entrañable serie:

¿Qué es lo que baila Ana que hasta los muertos le tienen gana?...
(sin duda, una gran canción, lo que me pude reír con esta melodía)

Yo, tengo que reconocerlo, fui una víctima más de esta monstruosidad emitida en prime-time todos los lunes en La Primera (no podía ser otra). Fueron tres temporadas (de 5) en las que Anita disfrutó transmitiendo con sus "elaboradísimos" guiones (actriz, guionista, bióloga, presentadora...es la lista de nunca acabar) una percepción de la realidad a lo Disney (Cenicienta deja de ser una esclava puteada al rebelarse contra su madrastra y enrollarse con el príncipe azul consiguiendo así un nuevo estatus social). Afortunadamente, mi (todavía dudosa) madurez (por fin) llegó y me hizo salir de la oscuridad en la que estaba terriblemente atrapada. Sí, vi la luz. Abandoné a la niñera fantástica y descubrí a los locuelos vecinicos de Aquí no hay quien viva. Marcó el límite entre dos etapas de mi LuNNy-Vida. No más Anita y los 7. Nunca mais.

Peeero, esta vez, no ha hecho de stripper con dotes innatas para cuidar de insoportables niños pijos. Ha hecho algo mucho más importante que eso. Ha sido la mejor experiencia de su vida. Bueno, dejemos de dar rodeos. Tengo que deciros, desde aquí mi humilde cueva, que Antoñita, La Fantástica, ha cumplido el sueño de su vida. Como lo oís. ¿Qué? ¿A que ahora mismo os habéis quedao 33?...
Es el primer momento en toda su maravillosisisima vida, cuyos acontecimmietos han sido única y exclusivamente sacados de su dañada imaginación debido al irreversible Obregón Syndrome, (el síndrome de la realidad distorsionada que afecta a seres con afán de protagonismo y cuyos síntomas mas importantes son: operarse las tetas para mostrar su nuevo tamaño con orgullo aun a riesgo de que se te exploten en un avión, hacer posados de verano con bikinis tres tallas más pequeños, contratar a un coche-paparazzi para que se pase las 24 horas del día delante de su casa pareciendo así que está totalmente perseguida por la prensa rosa y aumentando así su ego y paserse cual diva por cualquier lugar público), en el que se le ha reconocido tooodo el sudor derramado para sacarse la mejor carrera del mundo mundial, la carrera de BIOLOGÍA. Oh, Anita (Anuska, Anuski...) ha demostrado que siendo el hazme reír de todos nosotros (la plebe), trayendo al mundo a un niño muerde-micros y teniendo contacto con clanes mafiosos también se puede ser una ¡¡superbióloga!!. ¡Qué maravilla!
Lástima, que sólo haya podido cumplir su deseo en la ficción. Ooooh! Sí, en Hospital Central.
He aquí la historia que los guionistas se han sacado de la manga para esta diva:
_Érase una vez, una chica llamada Celia Tabernero que pasaba largas horas trabajando en el Minisiterio (nada más y nada menos), sin parar, era muy muy trabajadora. Celia era bióloga (o eso decía) y por eso, se pasaba todo el día buscando información sobre bichos, bichos y más bichos. Pero, un día, algo cambió el curso de su ajetreada y laboriosa vida. Y ese algo fue...una llamada de El Centralísimo. Dios mío. Su presencia era requerida urgentemente. Sólo ella podía salvar al mundo. Sólo ella sabía cómo averiguar el origen de un terrible brote de legionela (recordemos que Anuski tuvo que repasar sus apuntes de Biología para meterse más en el papel). Celia era tan tan simpática que todo el mundo la quería (todo el mundo dentro de su papel porque claro luego en la realidad...dudo mucho que alguien soportara a nuestra querida Anuski, pobre). Su misión: recoger las muestras de la bacteria de aquellos conductos de aire acondicionado que posiblemente albergan a este pequeño enemigo, la Legionella pneumophila, y eleminarlo a sangre fría. Sus modelitos enseñando escote, sus gafitas a juego para darle un toque intelectual, sus zapatos de tacón, su batatita blanca. Todos estos eran los complementos de la SuperBióloga. James Bond lleva una pistolita con silenciador y Celia Tabernero lleva unas gafitas con visión de rayos x. Va muy preparada, sin duda. Como todo héroe y/o heroína, alguien le ayuda en este complicada tarea de salvar al mundo, su clómpice, su compañera de juergas, su prima, su clon, ¡¡Vero!! (la Cerezuela) ¡Oh!, ¡qué gran pareja! Hemos disfrutado de intensas reflexiones sobre la vida entre ellas mientras buscaban en jacuzzis y aires acondicionados a la pequeña bacteria.
Ay, han sido dos grandes capítulos (para el recuerdo, sin duda). El mejor cameo de la historia de la televisión...para descojonarse, claro está. Y como en todo acontecimiento que se precie, se puede sacar una moraleja que los altos mandos de Telecinco nunca (nunca) olvidarán: No se pueden hacer trueques con la Obregón. No, No. Hay que reprimir el deseo (por muy grande que sea y por muchas ganas de descojonarse que tenga uno) de pedir a Antoñita, La Fantástica, que se abra de piernas en el plató de La Noria delante de Jordi González (y sus fieles súbditos-colaboradores) para mostrar su gran flexibilidad (incluso con un vestido de gala rojo, ¡qué espectáculo!) a cambio de un papel de bióloga en Hospital Central. Por favooor, un poquito de cerebro.
Hasta aquí mi despiadada crítica de la multiempleada Antoñita, La Fantástica.
3 Responses
  1. Anónimo Says:

    Tenía miedo por tí. He buscado desenfrenadamente en Google "Ana Obregón" por si aparecería tu página y no, no la he encontrado. Ya te imaginada denunciada por la maravillosa, la fantástica, la supermegaguaydelparaguya Ana la Fantástica. Te imaginaba endeudada hasta las cejas por la multa que te iba a imponer en juez por blasfemar de semejante manera. ¡Uf, qué peso me he quitado de encima! Quizás aparezcas, pero allá por la página un millon quinientos mil, y claro, tan lejos no he llegado. Es que Anuski da pa mucho.
    En fin, he de confesar, aunque luego entonara un "me arrepiento" que me visto los 2 capítulos del Centralísimo sólo por ver a la Diva en el papel de su vida. He quedado encantada con ella y con su prima, ¡qué compenetración (ja, ja, ja, en sentido figurado, claro porque la Cerezuela lo de la penetración no lo lleva bien que digamos).
    Espero que si continúa la serie, haya otra epidemia de salmonella o de virus replicoparlanteverde, y llamen a la funci más sexy de toda la Administración para resolver ese caso.
    Como siempre, a tus pies.
    Nikita Nipona


  2. Anónimo Says:

    Lunática¡¡¡¡¡¡
    He vuelto. Sólo para decirte que sí a todo. La verdad es que el rollohospitalcentral no lo vero pero... seguro que tienes razón.
    Ah¡¡¡ No VAYAS A VER EL TOSTONAZO DE LA MOMIA. NO VAYAS.
    Leo.


  3. Anónimo Says:

    Hola, Lunera:

    Cuidadín, cuidadín, lo que dices de la Cerezuela, que aunque Nikita dice que lo de la penetración no lo lleva muy bien, a mí se me ocurren unas cuantas cosas para que lo lleve con mucho gusto...
    Joder, con este comentario me acuerdo de aquel chiste de Caperucita y el Lobo que acababa diciendo: cómo ha cambiado el cuento. Y es que a nuestra LunnyDiscípula ya se le notan los efectos del Plantavit... snif, snif, me estoy haciendo viejo.
    El Anónimo